Vilma Núñez: la alegría de ser profeta en su tierra

Emil Montás - EmilMontas.com

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Su comida favorita es la italiana, un gusto que aprendió tras vivir cinco años en ese país. De España, donde pasó otra larga temporada, adora la posibilidad de caminar por calles impregnadas de historia y cultura, y disfruta la diversidad que existe en todo. Sin embargo, su verdadero lugar en el mundo, aquel que no cambia por nada, es el país que la vio nacer: República Dominicana.

“De mi país me gusta el clima y la calidez de las personas. Es increíble lo bien tratado que puedes sentirte allí”, dijo alguna vez en una entrevista a un medio mexicano. Por aquellos días, finales de octubre, el clima en Punta Cana estaba como siempre, espectacular, y la temperatura subió varios grados con la calidez de un público que no podía esperar más a ver a uno de sus referentes.

Aquellos que no conocen su historia creen que es española, porque tiene el reconocido acento de los ibéricos, pero la verdad es que Vilma Núñez es más dominicana que el café, el ron y el béisbol. Y lo mejor es que sus compatriotas la sienten muy cercana, a pesar de la distancia (antes vivía en Madrid y ahora, en Miami), y están muy orgullosos de esta embajadora de sus valores y virtudes.

Su padre, que siempre la llamó Vivi, fue maestro y su ídolo. También fue el que marcó el rumbo de su vida con una frase que le dijo cuando ella terminó el colegio: “hija, sé como las águilas, que solo se detienen en las cumbres”. Por aquel entonces tenía 17 años y desde ese momento no ha hecho algo distinto a ascender, crecer, aprender, más allá de que hubo momentos difíciles y dolorosos.

Tuvo su primera computadora a los 10 años y siempre ha sido muy inquieta en todo lo relacionado con la tecnología y la red. En 2008, luego de terminar su carrera de Publicidad, ingresó a una pequeña agencia en Santo Domingo, en la que aprendió “un poco de todo”. Un trabajo en internet para un cliente despertó su espíritu emprendedor y supo que tenía que buscar otros horizontes.

Entonces, se mudó a España, con el ánimo de estudiar, de aprender más, de convertirse en una profesional competente. “Fue una decisión muy difícil, porque significó dejar atrás todo lo que amaba, empezando por mi familia y mi país, pero gracias a que di ese paso hoy soy una empresaria que tiene un negocio que me permite vivir la vida que siempre soñé”, explica.

“Para muchos, mi historia comenzó en España, como la chica que tenía un blog con cientos de productos descargables, pero la verdad es que se inició en mi país, República Dominicana”, relata. Sintió la necesidad de salir de su zona de confort y del otro lado del Atlántico desarrolló su marca persona y sus proyectos hasta convertirse en una de las figuras más representativas del mercado.

A Madrid llegó como una simple empleada y de allí emigró con dos maestrías y un doctorado. Hasta que en 2016 la vida le puso otra prueba, la enfrentó a otra dura decisión: dejar lo que estaba haciendo y dedicarse de lleno a su negocio digital. “Tuve miedo, no lo puedo negar. Sin embargo, gracias al apoyo de mis familiares, en especial de mi esposo, me ayudaron a vencerlo”, afirma.

“Ellos sabían que yo tenía un sueño y que ese sueño tenía un lugar: Miami”. Y un objetivo definido: “impactar la vida de miles de profesionales con las mismas estrategias que yo he aplicado con éxito en mi negocio”. Cuando salió de Santo Domingo, la idea era volver en cinco años, pero lleva diez por fuera de su país y es probable que se demore algunos más en volver al punto de partida.

“La verdad es que me siento afortunada. Tengo un grupo de empresas exitosas, tengo un gran equipo del que aprendo cada día y puedo reinvertir en nuevos proyectos. Pero, mi historia no acaba aquí. Voy a seguir escalando mi negocio para ayudar a miles de profesionales y quiero montar mi propia empresa de negocios y marketing en Miami”, asegura con convicción y notoria ilusión.

¿Qué tiene Vilma Núñez que no tengan otros para ser tan exitosa? Disciplina, objetivos claros, estrategia definida, pasión, vocación de servicio, convicción en sus principios y valores. A diferencia de otros, Vilma dejó atrás sus temores, venció sus miedos y se sacrificó en pos de lo que deseaba. Y lo logró, eso y mucho más. No cabe duda: es un modelo ejemplar digno de imitar.

​El Consejo de Emil

Los latinoamericanos somos muy dados a idolatrar a figuras que son ajenas a nosotros: artistas, cantantes, deportistas, escritores o empresarios extranjeros. Por la educación que nos brindaron, porque en nuestro ADN y en nuestros valores culturales creemos que somos menos que otros, magnificamos los logros de aquellos y nos obsesionamos con imitarlos, y queremos ser iguales.

La más dolorosa consecuencia de este comportamiento es que despreciamos aquello que nos pertenece, que nos identifica, que ha surgido de las entrañas de nuestra tierra. Y solo cuando está lejos, cuando ha logrado superar los obstáculos y los prejuicios, cuando se ha ganado el respeto y la consideración de otros, reconocemos su verdadero valor y deseamos recuperarlo pronto.

Cuando partió de Santo Domingo, con unas pocas pertenencias en la maleta y millones de sueños en el corazón, pocos sabían en realidad quién era Vilma Núñez. Sin embargo, al cabo del tiempo el ruido de su fulgurante trayectoria en España cruzó el océano y llegó hasta nuestras tierras. Hubo quienes quisieron restarle méritos por el acento español, pero eso es apenas una anécdota.

Por eso, cuando comenzó la promoción de la Convención de Emprendedores Inmobiliarios 2018 y el nombre de Vilma Núñez apareció entre las conferencistas presentes, la expectativa fue enorme. “No puedo creer que venga Vilma. ¡No me la puedo perder!”, me dijeron varios colegas que, por supuesto, ocuparon puestos de privilegio en el auditorio cuando fue el turno de esta experta.

Desde hacía tiempo Vilma quería regresar a su país y compartir con su gente aquello que ha conseguido, pero no fue fácil. Su agenda permanece llena, porque en su condición de número uno del mercado es solicitada por doquier. Colombia, México, Perú, Costa Rica, Bolivia, Paraguay y España son algunos de sus más recientes destinos, además de los proyectos que tiene en Miami.

Verla en el escenario, empoderada, pletórica, extasiada por compartir su conocimiento y vivencias con sus compatriotas, fue un momento sublime. Para ella y para cada una de las personas que habían esperado con ansiedad y que al cabo los 70 minutos de su enriquecedora presentación estaban felices porque aquello que habían aprendido justificó con creces la larga espera.

“Emil, gracias, muchas gracias por traer a Vilma”, fue la frase que escuché repetidamente en el receso, mientras decenas de participantes de la CDEI 2018 esperaban su turno para tomarse una foto con ella, para manifestarle su admiración, para agradecerle su don de gentes. Tengo que decir que nadie estaba más feliz que yo, que acababa de cumplir el sueño de ser el anfitrión de Vilma.

A medida que pasan los días, y cada vez que repaso la grabación de su conferencia, solo tengo palabras de gratitud para Vilma por su gentileza, por su humildad, por su carisma, por su generosa entrega al público. Lo que más agradezco es que les demostró a mis colegas que no hay límites, que los sueños se pueden cumplir, que las águilas como ella (y como tú) solo se detienen en las cumbres…


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