Tiger Woods volvió a la cima y nos deja 10 geniales lecciones

Emil Montás - EmilMontas.com

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No soy golfista, ni un aficionado que siga la actividad de este deporte. Sin embargo, crecí escuchando las ovaciones que surgían de las hazañas de Tiger Woods y, a fuerza de ser testigo de esos increíbles logros, se convirtió en uno de mis deportistas preferidos. Por eso, el domingo 14 de abril, Domingo de Ramos, viví con especial alegría el triunfo que conquistó en el Masters de Augusta.

Como te digo, no soy golfista y tampoco soy un aficionado que siga la actividad de este deporte, por eso tuve que recurrir a un amigo que sí cumple con las dos condiciones. Conversando con él identificamos una serie de valiosas enseñanzas que quiero compartir contigo. La reinvención de Tiger Woods es, sin duda, una de las noticias más importantes del deporte en las últimas décadas.

Vamos a contextualizar el hecho, por si tú tampoco eres un experto. Desde que tenía 4 años, Tiger, cuyo verdadero nombre es Eldrick Woods, fue formado por su padre con disciplina militar. Y no era una casualidad, porque Earl Woods había pertenecido al ejército estadounidense y sirvió en la guerra de Vietnam. Convertir a su hijo en el número uno del golf siempre fue su obsesión.

Desde niño mostró un talento especial y, sobre todo, un insaciable hambre de triunfo. Ganó y estampó récords por doquier, primero como jugador amateur y luego en el ámbito universitario, con los colores de la prestigiosa Universidad de Stanford, en California. Hasta que en junio de 1996 se convirtió en profesional, literalmente, revolucionó un deporte que la mayoría pasaba de largo.

Uno de los primeros impactos de la meteórica irrupción de Tiger fue que rompió paradigmas antiquísimos, pactos no escritos, según los cuales las personas de raza negra no eran bienvenidas en este deporte. Curiosamente, el mundo del deporte celebra este 15 de abril otro hito de un afroamericano: Jackie Robinson, el primer jugador negro que jugó en las Grandes Ligas del béisbol.

Woods se convirtió no solo en la cara visible de la comunidad afroamericana, sino también en la de las minorías de inmigrantes. Su padre Earl era descendiente de chinos y amerindios, mientras que su madre Kutilda es de origen tailandés, con ascendencia china y holandesa. De la mano de sus triunfos, estas comunidades fueron reconocidas, se hicieron visibles y alzaron su voz.

Desde que llegó al PGA Tour, Tiger dijo que quería batir los récords de Sam Snead y Jack Nicklaus, dos leyendas de este deporte. Snead acumuló 82 victorias en el circuito profesional de EE. UU., mientras que Nicklaus conquistó 18 victorias en torneos de categoría Major. Con la que celebró en el Augusta National Golf Club, Woods llegó a 81 victorias, de las cuales 15 son en torneos Grandes.

La victoria del golfista Tiger Woods en el Masters de Augusta, uno de los torneos grandes de este deporte, nos deja grandes lecciones. Tras provocar una conmoción hace más de 20 años, cuando irrumpió con fuerza en el profesionalismo, cayó en un hondo abismo y estuvo a punto de perderlo todo. Al final, pudo recuperarse, pudo reinventarse y pudo volver a la cima. ¡Épico!

El Consejo de Emil

El valor de la victoria de Woods en el Masters de Augusta, el primero de los cuatro Majors de la temporada, sin embargo, trasciende lo deportivo y se adentra en el terreno de lo humano. En la cima del golf, número uno indiscutido y promotor de una revolución que derivó en que el golf en Estados Unidos y el resto del mundo salió del caparazón, Tiger parecía ser un superhéroe.

Sí, un inmortal como Superman. Pero, así como al hombre de acero la kryptonita lo derrotaba, Tiger Woods mostró pies de barro. Tenía la vida ideal: exitoso, reconocido, admirado por sus colegas, idolatrado por la afición, multimillonario y con una bonita familia: se casó con la modelo sueca Elin Nordegren, madre de sus hijos Sam Alexis y Charlie Axel. Tenía la vida ideal, pero…

El 27 de noviembre de 2009, Woods estrelló su costoso Cadillac Escalade a la salida de su casa, en Júpiter, una cerrada comunidad de multimillonarios en La Florida. Había discutido con su esposa, que de acuerdo con el recuento que hicieron las autoridades intentó agredirlo con sus propios palos de golf. ¿La razón? Había descubierto era infiel desde hace años, con muchas mujeres.

De inmediato, el mito comenzó a derrumbarse. Algunos de sus patrocinadores dieron por terminados los contratos y su vida se convirtió en un infierno, expuesto al escrutinio de los medios, de la afición y de sus colegas. Para colmo, la salud comenzó a pasar una costosa factura y tuvo que someterse a intervenciones quirúrgicas en las rodillas y a una delicada operación en la espalda.

Se alejó de los campos, se resguardó en la intimidad y vivió su calvario en silencio. El golf, obvio, sintió el golpe: el nivel de audiencia de las transmisiones televisivas disminuyó considerablemente, los aficionados de alejaron de los torneos y surgieron nuevas figuras, ninguna era como Tiger Woods, ninguna era Tiger Woods. Lo peor es que no se sabía si podría volver a jugar al golf.

Se recuperó de las rodillas y regresó a los campos, pero la espalda volvió a llevarlo al quirófano. Paró en diciembre de 2014 y retornó dos años más tarde. Se reincorporó al Tour a comienzos del año pasado y jugó con altibajos hasta que ganó el último torneo de la temporada, el The Tour Championship, en Atlanta. El Tigre había vuelto a rugir, pero quedaba una asignatura pendiente.

¿Cuál? Volver a ganar un Major. Ni él mismo sabía si podía lograrlo, a los 43 años y con un cuerpo maltrecho. Sin embargo, en Augusta, donde ganó el primero de sus Grandes en 1997, demostró que aunque ya no es el mismo de antes todavía tiene la calidad suficiente para ganar esta clase de eventos. La calidad, la pasión, el talento y el hambre de gloria, argumentos de una victoria épica.

Estas son las lecciones que me quedan de este episodio de Tiger Woods:

1) Nadie es inmune a los errores, a los fracasos, ni siquiera el número uno del mercado

2) Cuanto más alto llegues, más profunda y más dura será la caída

3) Puedes perderlo todo, pero nunca pierdas la humildad, ni la perspectiva humana

4) Dinero, fama, reconocimiento y éxito no te conducen a la felicidad

5) No importa qué hayas hecho: cada día es distinto, una nueva prueba que debes superar

6) Siempre hay una oportunidad para corregir tus errores, si trabajas duro y persistes

7) La verdadera grandeza del ser humano se aprecia en su capacidad para reinventarse

8) Nada en la vida o en los negocios es gratis: siempre tienes que pagar algún precio

9) ¿Te caíste? Levántate. ¿Te equivocaste? Corrige. ¿Fallaste? Vuelve a intentarlo

10) Nunca es tarde para seguir luchando por tus sueños, siempre hay otra oportunidad


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