Stan Lee: lecciones de un superhéroe de carne y hueso

Emil Montás - EmilMontas.com

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Todos los que contamos 40 o más años tuvimos algún cómic en las manos cuando éramos niños o jóvenes. En una época en la que nadie podía imaginar que iba a existir internet, en la que la radio y la televisión eran la compañía ideal en cientos de miles de hogares de todo el mundo, no había nada tan emocionante como las historietas de los superhéroes y su lucha por salvar el mundo.

La radio y la televisión eran maravillosas, porque nos conectaban con el mundo, nos permitían saber que había una realidad distinta a la de nuestro pequeño universo. Sin embargo, tenían un pequeño problema: para escuchar la radio o ver la televisión tenías que reunirte con toda la familia. No es como ahora, que cada uno tiene sus dispositivos o su aparato en su habitación.

En aquellos años, no todos los hogares tenían estos electrodomésticos que hoy se nos antojan indispensables. De hecho, había muchas familias que no tenían televisor. ¿Entonces? Cuando uno quería ver algún programa, se reunía en la casa del vecino que sí tenía el aparato o en la de algún familiar. Inclusive, había quienes sacaban el tremendo aparato y lo ponían en la calle, a disposición de todos.

Las historietas de los cómics, mientras, nos ofrecían otro encanto: la privacidad. Eras tú con tus superhéroes favoritos viviendo las emociones de las aventuras, dejando volar tu mente con plena libertad. Y podías sentirte Superman, o Batman, o el Hombre Araña, o Hulk, o uno de los Cuatro Fantásticos. La producción de cómics no solo era abundante, sino también, de muy buena calidad.

El responsable de que los jóvenes de esos años viviéramos felices se llamaba Stanley Martin Lieber, más conocido como Stan Lee. Fue el genio detrás del éxito de la productora Marvel, que les dio vida a superhéroes como Hulk, el Hombre Araña, Los Vengadores, Patrulla X, Daredevil o los Cuatro Fantásticos, entre otros. Lee falleció hace unos pocos días, a los 95 años, en Los Ángeles.

Lee nació el 28 de diciembre de 1922 en Nueva York, hijo de inmigrantes rumanos. La historia cuenta que las frecuentes dificultades de su padre para conseguir un trabajo estable provocaban discusiones en la casa, donde la convivencia era insoportable para un niño. Lee, entonces, para escapar de ese ambiente tóxico, se refugiaba en las películas de Errol Flynn y en la lectura.

En la adolescencia, en una época convulsionada, tampoco a él le resultó fácil conseguir un buen trabajo y, por eso, desempeñó diversos roles, lo que conocemos como un todero. Eso cambió, sin embargo, cuando un tío lo llevó a su editorial Timely Comics y le consiguió un lugar a cargo de Joe Simon, redactor jefe que estaba a punto de lanzar Capitán América, un cómic que marcó historia.

Ahí descubrió su talento. Comenzó como mensajero y haciendo oficios varios, pero por el interés que mostró le permitieron rellenar viñetas para los superhéroes ficticios de la Segunda Guerra Mundial. Su primera creación fue Destroyer, un antinazi con superpoderes. Pero, no todo era color de rosa: le pedían más acción, más aventura, y lo que su corazón le dictaba era más literatura, más ficción.


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Ser diferente: ese fue el factor que le permitió a Stan Lee sobresalir en un mercado muy competido, como el de los cómics. Contó historias distintas, mostró escenarios distintos y, sobre todo, humanizó a los personajes y logró una poderosa conexión con los lectores. No basta con ser bueno: si no eres diferente y único, el mercado no te ve.

​El Consejo de Emil

A comienzos de los años 60, cuando la depresión era un problema de salud pública y la televisión no conseguía llenar el vacío de felicidad de la población, Lee estaba a punto de tirar la toalla: lo que hacía no le producía felicidad, no lo satisfacía. “Desarrolla los cómics con tus ideas. Lo peor que puede pasar es que te despidan”, le inquirió su esposa y compañera de toda la vida, Joan Lee.

Fruto de ese impulso, el 8 de agosto de 1961 salió a la calle Los 4 Fantásticos y Stan Lee se convirtió en una leyenda viviente, en un superhéroe de carne y hueso. ¡Fue un exitazo! Lo irónico es que sus personajes rompían con el viejo estereotipo de los superhéroes poderosos: estos eran más humanos, con notables defectos y, para colmo, vivían envueltos en problemas mundanos.

Lee entendió (porque él mismo lo vivió) que el público, grandes y chicos, quería verse reflejado en los personajes de las historietas. Sin embargo, llegaba un momento en el que esa identificación se perdía, porque el ser humano común y corriente era muy distinto al estado de perfección del héroe de las historietas. Entonces, con gran sensibilidad, se dio a la tarea de humanizarlo.

Ese fue su gran éxito. En medio de sus hazañas, de sus proezas contra los enemigos de la humanidad, los superhéroes de Lee tenían problemas económicos y no podían pagar la renta, se peleaban con su novia y eran despedidos de su trabajo, problemas comunes y corrientes, los que puede enfrentar cualquier ser humano. Eso provocó una gran cercanía con los lectores.

Otra virtud de los relatos de Lee era que el curso de la historia se adaptaba a las condiciones de cada época. Los primeros superhéroes, por eso, tenían como misión salvar al mundo en la época de la Guerra Fría, en la que se tenía por la Tercera Guerra Mundial. Luego se abordaron temáticas como la superpoblación, el hambre, la discriminación racial y otras problemáticas actuales.

La obra de Stan Lee nos dejó tres poderosas lecciones, que te comparto ahora:

1) La marca: en contra de las tendencias del mercado, Lee estableció que el público requería superhérores más humanos y eso fue lo que le dio. Creó una marca poderosa que traspasó el tiempo y que permanecerá gracias a su increíble legado creativo

2) Las emociones: nada más efectivo e impactante para conectarte con tus clientes que ofrecerles experiencias relacionadas con las emociones. Nada en la vida es bueno o malo, sino que la vida misma es una mezcla de esos extremos y si puedes conectarte con estarás dentro de su corazón

3) Las historias: la herramienta más poderosa de que disponemos es contar historias y todos tenemos esa habilidad, pero no todos la hemos desarrollado. Cuenta historias reales y verás cómo tus clientes se enganchan contigo de una manera poderosa. ¡A todos nos encanta oír historias!


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