Si quieres resultados diferentes, ¡haz algo diferente!

Emil Montás - EmilMontas.com

Emil Montás - EmilMontas.com

“Al ponerle fecha a un sueño, se convierte en meta. Una meta dividida en paso se convierte en un plan. Y un plan apoyado por acciones se vuelve realidad”. No sé quién es el autor de esta frase que me encanta y que le escucho con frecuencia a Álvaro Mendoza, uno de mis mentores. Son tan solo 29 palabras que encierran la diferencia entre los que alcanzan el éxito y los que lo soñaron.

Hace menos de una semana comenzó 2019. Los ecos de las celebraciones de Navidad y Año Nuevo aún se escuchan y, quizás por eso, son muchas las personas que están todavía en modo descanso. Yo, en cambio, acabo de hacer clic en el botón trabajar, trabajar y trabajar, porque los retos que me esperan este año son apasionantes y con mi equipo nos fijamos metas ambiciosas.

Y, por supuesto, no queremos quedarnos cortos, en especial porque todas están en función de mis clientes, en función de ti que me das el privilegio de ayudarte y me permites compartir contigo mi conocimiento y mi experiencia. Es la continuación de los proyectos que se iniciaron en 2018, en procura de la consolidación: que haya mayores beneficios que lleguen a más personas.

Como te dije en una nota reciente (5 acciones que te ayudarán a tener un gran año), no creo en los famosos propósitos de Año Nuevo que la mayoría de las veces son palabras que se las lleva el viento. Prefiero formular metas que surgen del sueño de aprovechar lo que la vida me regaló para ayudarte a transformar tu vida, y diseñar el plan de trabajo que me permitirá hacer la tarea.

¿Cuál es la clave para convertir esos sueños en metas y esas metas en realidad? Lo primero es distinguir entre deseos y propósitos. Todos deseamos ser multimillonarios, pero no todos estamos en capacidad de conseguirlo. Todos deseamos viajar por el mundo y darnos un estilo de vida lejos de las preocupaciones, pero quizás aún no hemos avanzado tanto para concretar esta intención.

Los sueños están bien, siempre y cuando no excedan nuestra capacidad actual. En otras palabras, no tiene sentido pedir algo que, por el momento, es imposible de alcanzar. Es como cuando dices que quieres aprender inglés, pero solo dedicas una hora a la semana: mientras no lo conviertas en un hábito diario, difícilmente lograrás el objetivo. Tienes el deseo, pero no lo sustenta un plan.

¿Cuál es la clave? Avanzar poco a poco. Es decir, ponerte metas que sean susceptibles de cumplir, que sean realistas, que estés en capacidad de llevar a cabo dentro de un proceso normal. Si tienes sobrepeso y tu dieta no es saludable y tampoco practicas ejercicio, aspirar a rebajar 10 kilos en un mes es una utopía. De hecho, es un riesgo para tu salud, es una ilusión que difícilmente se cumplirá.

Para avanzar poco a poco necesitas un plan, una estrategia. Recuerda que el ser humano primero gateó, luego caminó tambaleante, después trotó y finalmente corrió tan rápido como pudo. Eso implicó cometer errores y aprender de ellos, soportar las caídas y curar las heridas para seguir adelante. Y, por supuesto, significó adquirir el conocimiento adecuado para desarrollar la habilidad.

Por más factible que sea la meta que te propones, por más detallado que sea el plan que implementas, nunca llegarás a la meta prevista si no inviertes en tu conocimiento, si no haces un esfuerzo por desarrollar esas habilidades necesarias para alcanzar el objetivo. Quizás requieras el acompañamiento de un profesor, de un mentor, y tengas que apoyarte en más compañeros.

Olvídate del pasado, olvídate de tantos propósitos de Año Nuevo que nunca cumpliste. Cambia la estrategia y convierte tus sueños en realidad. Recuerda que el éxito y el fracaso dependen exclusivamente de tus acciones y decisiones. Si quieres que esta vez sea diferente el resultado, adquiere nuevos hábitos, haz tu mejor esfuerzo y no te rindas. ¡Esa no es una opción!

​El Consejo de Emil

¿Ahora entiendes por qué la mayoría de las veces nos resulta imposible cumplir los dichosos propósitos de Año Nuevo? Porque los asumimos como un reto personal, porque los dejamos a merced de la voluntad, porque los asumimos de manera improvisada. En otras palabras, si llegamos a cumplir ese propósito es un verdadero milagro, por nada está a tu favor.

Una de las estrategias eficaces para no fallar en el intento es dividir las metas. Sí, si lo que te propones es aprender inglés, estudia dos horas cada día y al menos dos veces a la semana mira alguna película en ese idioma, a ver cuánto puedes entender. Y también dedica al menos media hora diaria para escuchar música, con el fin de enriquecer tu vocabulario poco a poco.

Si quieres mejorar tus ingresos, por ejemplo, tienes que pensar que primero debes captar más y mejores propiedades y conseguir más y mejores clientes. Traza un plan que te permita avanzar poco a poco: estudia el mercado, pide asesoría de un experto en tráfico, mide el resultado de tus acciones cada semana e invierte en publicidad que te haga visible y te permita llamar la atención.

Ten en cuenta que no es una camisa de fuerza, es decir, si no cumples un plazo, si eventualmente un día te das un gusto y rompes la dieta, no importa. Lo que importa es que no abandones, que persistas, que tengas claras tus metas y te enfoques en trabajar en ellas. Así, casi sin que te des cuenta, verás cómo las cumples una tras otra. Y también podrás disfrutar de los resultados.

Las fiestas quedaron atrás y es hora de volver al trabajo, de regresar a la realidad. Y con realidad me refiero a aquello que eres capaz de construir. No te obsesiones con esos propósitos que nunca has cumplido y que nunca vas a cumplir: enfócate en dos o tres metas específicas y trabaja para llevarlas a cabo. Ponles fecha, divídelas, ejecuta el plan de acción y luego celebra tu logro.



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