Punta Cana también es el paraíso de la familia, ¡y los niños!

Emil Montás - EmilMontas.com

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Hay una frase muy conocida, acuñada por la sabiduría popular, la de la calle, que dice que “Los hombres embriagados y los niños siempre dicen la verdad”. Aquellos, porque el alcohol los libera de los temores del qué dirán y los desinhibe; estos, porque piensan y actúan con ingenuidad, desprovistos de maldad y son auténticos: se guían por lo que les dicta su corazón.

Todos tenemos un amigo que alguna vez se embriagó y que también habló de más. A veces, solo tonterías, de esas que sus amigos de fiesta recuerdan por el resto de sus vidas y se lo echan en cara de cuando en cuando. Otras, penosamente, hizo el ridículo, quizás le declaró su amor a la mujer equivocada o le cantó la tabla al jefe en una reunión de compañeros de la empresa.

Lo cierto es que esas palabras todo el mundo las asume como ciertas, como verdaderas, para bien o para mal. En el caso de los niños, lo más seguro es que sea apenas una imprudencia, algo que provoque una carcajada generalizada. O, quizás, algo más incómodo: llegó a casa la tía aburridora y el niño simplemente repite las palabras que escuchó una y otra vez de sus padres, y armó un lío.

Hace poco conocí el caso de Andrea, una niña de solo 8 años, que me dejó una gran lección. Ella vive en Cali, linda ciudad colombiana, y estuvo de visita en el zoológico de la ciudad, en compañía de Patricia, una prima que la visitaba. ¡Zoológico!: animales silvestres, aventura, diversión. Sin embargo, esa no fue la experiencia que vivieron Andrea y Patricia, y así jo hicieron saber.

“El zoológico fue detestable”, le respondieron a Marta, la mamá de Andrea, cuando les preguntó cómo la habían pasado. “McDonald’s estuvo bien”, agregaron las chiquillas. Sé que a los niños les encanta McDonald’s porque les brinda una atención especial, pero estoy seguro de que algo malo tuvo que pasar en el zoológico para que Andrea y Patricia se expresaran con tal contundencia.

Alarmada, Marta quiso cambiar el tema y recordó un reciente viaje familiar a República Dominicana. “Y Punta Cana, ¿qué tal?”, preguntó. “Ah, Punta Cana estuvo genial”, afirmó la pequeña Andrea con el brillo de sus ojos delatando que ese era un recuerdo muy grato. Para mí, las palabras de Andrea son la mejor carta de presentación: recuerda que los niños siempre dicen la verdad.

Lo que ocurre es que asociamos Punta Cana con turismo para golfistas, con eventos para grupos empresariales, con descanso para los adultos mayores que ya están jubilados y con aquellos que adquieren allí una segunda vivienda que solo disfrutan por cortas temporadas, pues no residen en la ciudad. Sin embargo, pocas veces nos acordamos de una clientela cada vez más importante.

¿Sabes a cuál me refiero? A los grupos familiares. Si bien en otros tiempos la vocación turística de Punta Cana apuntaba a otro tipo de visitantes, en los últimos años descubrió que también había una gran demanda por parte de grupos familiares. Entonces, con rapidez y efectividad, la oferta se adaptó a las necesidades de ese nicho: aparecieron los espacios recreativos para los niños.

Orlando, en La Florida, con el parque de diversiones de Disney World como emblema, es quizás el destino familiar por excelencia. Allá todo está pensado, diseñado e implementado pensando en los grupos familiares y, de manera muy especial, en los niños. De hecho, hay escenarios que pueden ser aburridos para los mayores, porque la prioridad es el entretenimiento de los menores.

No en vano, Orlando registró en el año 2017 más de 72 millones de visitantes. Y Las Vegas, la ciudad que nunca duerme, el paraíso de los casinos, la champaña y la vida nocturna, también ha tenido que transformarse debido a la demanda creciente de grupos familiares. En ese mismo año, la capital del desierto tuvo más de 40 millones de turistas, y no todos, por supuesto, eran apostadores.

Está claro, entonces, que los grupos familiares son un nicho muy atractivo para la industria turística. Y, también, para la industria inmobiliaria. Punta Cana puede dar fe de ello. Los grandes hoteles de la ciudad, que fueron pensados para adultos, hoy ya son todo terreno, es decir, para grandes y chicos: incorporan multitud de actividades y atracciones para los clientes del futuro.

Punta Cana no es solo un paraíso para los adultos en busca de descanso, o para los amantes del golf, o para quienes buscan una inversión rentable: lo es, también, y de manera muy especial, para las familias. Hay una amplia variedad de atracciones deportivas, culturales, gastronómicas y de entretenimiento que harán de este lugar el preferido de tus hijos.

​El Consejo de Emil

Hay un nicho muy grande conformado por los adultos (sin hijos) que ven en Punta Cana el lugar ideal para descansar con tranquilidad. Y la ciudad les ofrece la respuesta adecuada: hay una gran diversidad de actividades que van más allá del descanso, tales como el deporte, las compras, la gastronomía, el golf y la diversión nocturna (casinos incluidos). Un abanico muy atractivo.

Sin embargo, dado que la demanda de grupos familiares creció exponencialmente (y sigue en aumento), abrió nuevos horizontes. Aquellos inversionistas sin hijos priorizan su descanso y la rentabilidad que les ofrece esa propiedad, que pueden rentar ocasionalmente para generar ingresos adicionales. Eso sí, reservan algunas temporadas del año para disfrutarla ellos mismo.

Los grupos familiares, en cambio, tienen otras prioridades. Quizás la adquieren pensando en las vacaciones, pero también proyectándola como el lugar de descanso cuando se retiren, un sitio donde van a poder compartir en familia y gozar de la compañía de los nietos. Como en el caso de los anteriores, cuando no hacen uso de la vivienda la rentan para que se pague con el alquiler.

Entonces, amigo mío, la próxima vez que un inversionista se acerque a ti y te pregunte si tienes una propiedad en Punta Cana, ten muy en cuenta este escenario. La familia es lo más importante para ellos (más que el dinero, sin duda) y la inversión solo tiene sentido si su esposa, si sus hijos, si sus nietos y demás miembros pueden disfrutarla, si en ese lugar se sienten como en casa.

Entonces, no solo tienes que saber cuántos metros de playa tienen a disposición, si hay campos de golf o si el casino es 24 horas. Tienes que sabe a cuánto queda la heladería más cercana, cuántas pizzerías hay en el sector o qué centros comerciales se pueden visitar. En otras palabras, tienes que combinar el chip del cliente inversionista con el chip de cliente familiar: ¡son el mismo!

Si tú eres inversionista y crees que Punta Cana es el lugar ideal para adquirir una propiedad que le sirva a tu familia para pasar vacaciones y, dentro de unos años, sea el lugar de tu retiro, hazle caso a la pequeña Andrea: “¡Punta Cana es genial!”. Tiene todo lo que tu familia necesita, una variedad de actividades para toda la familia que harán que las 24 horas del día sean cortas para disfrutarlas.


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