Preparación y orden, las claves del éxito de la mudanza

Emil Montás - EmilMontas.com

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¿Sabes cuál es el olor que más me gusta? El aroma de lo nuevo. Las hojas de un libro, el de una flor que acaba de romper el capullo y, claro está, es de la pintura fresca de tu casa nueva. Soy un privilegiado porque mi trabajo me permite disfrutarlos con frecuencia: soy un lector empedernido, tengo contacto permanente con la naturaleza y, por supuesto, visito muchas propiedades para estrenar.

Entrar a esa vivienda en la que el propietario y su familia vivirán los próximos años siempre es una experiencia encantadora. En especial, cuando en esa familia hay niños: para ellos, la sensación de lo nuevo encierra algo de magia, y logran transmitírselas a sus padres, que se impregnan con ese aroma que también es de esperanza, de ilusión, de felicidad al ver que ese sueño se cumplió.

He acompañado a cientos de clientes el día que llegan a tomar posesión de su nueva propiedad. Son momentos únicos en la vida, inolvidables, de esos que dejan huella. Además, hoy, gracias a la tecnología, los pueden compartir con el resto de la familia o con los amigos si hacen transmisiones en vivo, o graban videos o si inmortalizan esos instantes mágicos a través de una fotografía.

Sin embargo, de tantas veces que he estado allí, viviendo ese momento, he aprendido que esa felicidad puede convertirse en un dolor de cabeza. ¿Cómo así, Emil?, te preguntarás. Sí, cuando llega el camión de la mudanza y los operarios comienzan a bajar el menaje: en ocasiones, ahí se termina la magia. ¿Por qué? Porque la mudanza fue improvisada, porque no la prepararon.

Lo primero que tengo que reconocer es que las mudanzas, cualquiera, son tediosas. Organizar las pertenencias, meterlas en cajas y después abrirlas y poner todo en su lugar. ¡Qué hartera! Lo sé, pero es algo inevitable. El problema surge cuando por la experiencia de entrar a tu nueva casa, de recibir las llaves que te acreditan como el propietario, te dejas llevar por el entusiasmo.

Lo ideal es que la mudanza sea programada, es decir, que no improvises. Tómate el tiempo que sea necesario (uno, dos o más días) para prepararla. Una de las situaciones habituales es que no vas a poder llevar todas las pertenencias que tenías en tu anterior vivienda, algunas porque ya no las necesitas y otras, simplemente porque no te caben: es el momento de deshacerse de ellas.

A todos, absolutamente a todos, nos cuesta deshacernos de algo que tiene un valor sentimental. Sin embargo, tenemos que desarrollar y poner en práctica la habilidad del desapego: regálasela a alguien que la necesite y la pueda disfrutar. Por ejemplo, un hogar de ancianos, o una guardería. De esa manera, no sentirás dolor y, más bien, estarás satisfecho por haber hecho una buena obra.

La mudanza es una tarea a la que debes dedicarle atención y, sobre todo, tiempo. No dejes que la situación te supere, porque luego lo lamentarás. Involucra a toda la familia en el proceso, fija responsabilidades, contrata una empresa profesional que te brinde las garantías necesarias y sigue los tips que te recomiendo para que esta experiencia sea algo agradable.

​El Consejo de Emil

El éxito de la mudanza está en el orden con que la realices. Necesitarás unas buenas cajas, cinta adhesiva, marcadores y papel burbuja. Parecen cosas obvias, y lo son ciertamente, pero son las cosas que olvidamos con frecuencia y luego se convierten en un problema. También asegúrate de disponer de una buena cantidad de papel periódico, que lo vas a requerir un poco más tarde.

Comienza a empacar las cosas que menos utilizas, las que puedes desempacar dos o tres semanas después de la mudanza y no las vas a extrañar. Por ejemplo, el árbol de Navidad o las vajillas de lujo que solo usas cuando recibes visitas muy especiales. Organiza las cajas por zonas: cocina, sala, comedor, habitación principal, estudio, habitaciones de tus hijos; esto te ahorrará tiempo y problemas.

No olvides marcar las cajas: ¡eso es fundamental! En medio de tanto ajetreo, la memoria suele hacernos pasar malos ratos; no te confíes de ella. Utiliza marcadores de colores que te permitan adjudicarle una letra (y un color) a cada zona de la casa. Así, los operarios de la mudanza también podrán realizar un trabajo más eficiente y dejar las cajas en la zona que les corresponde.

Adicionalmente, un secreto que te servirá mucho: haz un inventario. Una vez tengas todas las cajas marcadas y listas para subir al camión de la mudanza, elabora una lista. Sabrás cuántas son, cuántas van para cada una de las zonas de la casa, cuántas contienen artículos delicados, en fin. Y cuando termine la descarga, sabrás si faltó alguna, si una se descargó en una zona no adecuada.

De hecho, sé que esta es una estrategia que, si tu familia tiene niños o adolescente, ayuda a que se involucren en el proceso. Ellos dicen disfrutar el proceso, pero la realidad es que cuando deben asumir la responsabilidad sobre lo que les pertenece, tiran la toalla. Haz que tus hijos, que cada miembro de tu familia, se encargue de lo suyo: olvídate de ser un superhéroe que lo hace todo.

Dos consejos finales: la mudanza no es un paseo familiar, ni una reunión de amigos. Comparte con ellos la alegría de ese momento, pero avísales que solo serán bienvenidos cuando todo esté en orden, quizás una semana más tarde. El éxito de una mudanza está en la preparación, primero, y en el orden, después: mucha gente, que solo va a mirar, se transforma en desorden y demoras.

Cuando la empresa que contrataste para llevar tus pertenencias a la nueva casa esté lista, asegúrate de indicarles en qué orden deben empacar las cajas. Primero, las que contienen los artículos que no vas a necesitar pronto; después, las que sabes que sí vas a necesitar y, por último, aquellas en las que van los objetos imprescindibles, además de los muebles grandes y pesados.


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