Con pasión y emoción no hay limitación: lo que aprendí de Andrea Bocelli

Emil Montás - EmilMontas.com

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A comienzos de abril de 2015, en el anfiteatro Altos de Chavón, en Casa de Campo, uno de los resorts más espectaculares del mundo (un orgullo dominicano), viví una de las experiencias más gratificantes y aleccionadoras de mi vida. Era Sábado Santo, lo recuerdo porque era un día que había esperado con mucha ansiedad: esa noche daba un concierto el gran Andrea Bocelli.

Soy fanático de la música italiana, al punto que he estudiado ese idioma para entender la letra de las canciones. Además, me encantan la ópera y la música popular latinoamericana (bolero, balada), justamente el menú que los miles de aficionados que llenamos el escenario disfrutamos esa noche, durante casi tres horas. Honestamente, fue mejor, mucho mejor de lo que esperaba.

Bocelli, por si no lo sabes, es un tenor, escritor y producto italiano que ha grabado diez óperas completas, así como varios discos con música clásica y romántica. Nació con glaucoma congénito, una enfermedad que limita la visión. Quedó ciego a los 12 años, producto de un golpe en la cabeza, sufrido mientras jugaba fútbol. Eso, sin embargo, no fue obstáculo para desarrollar su talento.

Se graduó en Derecho de la Universidad de Pisa, pero su gran pasión era el canto y a eso se dedicó. En las últimas dos décadas, su voz recorrió el mundo y deleitó a millones de fanáticos que, como me ocurrió a mí, nos contagiamos no solo de su talento, sino de su humildad, de su sencillez, de su simpleza como ser humano. Un modelo de superación, pasión, convicción y amor digno de imitar.

Con la mano en el corazón, no sé cómo sería mi vida si me faltara alguno de los sentidos. A veces, cierro los ojos y los mantengo así durante dos, cinco minutos, pero la ansiedad y la angustia siempre me ganan. Me invade una terrible sensación de miedo. En el caso de Bocelli, en cambio, prevaleció el talento, potenció su audición y educó su voz para convertirla en algo maravilloso.

Aquella noche, en Altos de Chavón, Bocelli logró transportarme al escenario. Sus interpretaciones tocaron las más sensibles fibras de mi corazón y me produjeron una emoción indescriptible. La piel se me erizaba con cada canción y lo mejor fue que me di cuenta de que los miles de fanáticos que estaban a mi lado experimentaban algo parecido. Fue una experiencia sensorial única, fantástica.

En algún momento, pensé cómo alguien como Bocelli, con una discapacidad, podía lograr algo así a través de su música. Después comprendí cuán equivocada estaba, entendí que la peor discapacidad es la que nosotros mismos nos imponemos, los límites que marcamos, los obstáculos que elevamos, los sueños a los que renunciamos. Sin embargo, todavía faltaba lo mejor.



El camino más corto y más seguro para conectar con otros, con tus clientes, es aprovechar los dones y los talentos que te regaló la vida. Si lo que haces es lo que te apasiona, a pesar de las dificultades las cosas fluirán y tarde o temprano serás recompensado. Si amas lo que haces, todas las dificultades se convertirán en oportunidades.

​El Consejo de Emil

La primera parte del recital estuvo dedicada a los clásicos de la ópera: Carmen, Romeo y Julieta y La Bohemia (acompañado por la soprano cubana María Aleida) fueron algunas de las piezas que, sin exagerar, nos provocaron delirio. La segunda fue distinta, pero no menos impactante: la dedicó a los temas populares latinoamericanos: Granada, Aranjuez, Bésame mucho, Quizás, quizás y más.

El punto más emocionante de aquel inolvidable concierto fue cuando subió al escenario el jovencito Michael Merlino. Este niño, entonces de 12 años, al que los medios de mi país llaman “el prodigio dominicano”, se dio a conocer con un video grabado en la playa y publicado en Facebook, que se hizo viral (46 millones de visitas). En él decía que su sueño era cantar con Andrea Bocelli.

Bocelli se enteró del episodio, vio el video y quedó gratamente impresionado con la calidad del joven. Entonces, decidió invitarlo a compartir escenario con él: interpretaron Amapola (aquí puedes ver el video). José Antonio Molina y Maridalia Hernández, reconocidos cantantes dominicanos, también tuvieron el privilegio de estar junto con el gran tenor italiano.

No existen palabras para describirte lo que fueron esos momentos. A pesar de la diferencia de edad, de que Michael es apenas un pichón de cantante y Bocelli, una estrella consagrada, unieron su pasión, su talento y su vocación y nos brindaron un rato inolvidable. Aún hoy, al recordar ese concierto, el corazón se estremece, la piel se eriza, el alma se regocija, la bilirrubina se alborota.

A veces, muchas veces, decimos que queremos hacer algo, como aprender a jugar tenis o estudiar inglés. Sin embargo, nos quedamos en el me gustaría y no damos el primer paso, no hacemos nada por alcanzar ese sueño. Lo peor, a mi juicio, es que nos quedamos con la duda de saber si en realidad tenemos el talento, si somos capaces de desarrollar la habilidad. Y así nos quedamos.

Ver a Andrea Bocelli aquella noche de Sábado Santo de 2015 en Altos de Chavón me enseñó que no existe limitación alguna, que eso que llamamos discapacidad en realidad es una disculpa. Y aprendí también cuál es el poder de las emociones, de conectar con el corazón de otras personas, de tu cliente, para generar un increíble intercambio y, como Michael Merlino, cristalizar sueños.

Si ser consultor inmobiliario es lo que en verdad te apasiona, lo que te motiva a seguir adelante a pesar de las dificultades, lo que te mueve cada mañana al despertar, no renuncies a tu sueño. Habrá tropiezos y caídas, momentos aciagos, pero también grandes logros y días inolvidables. Si tu trabajo te apasiona, si es lo que amas, nada ni nadie te detendrá. Si no, pregúntale a Andrea Bocelli.



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