¿Cuál es mi mayor riqueza? Lo que aprendí de otros

Emil Montás - EmilMontas.com

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Quizás sabes que me inicié muy joven en la industria inmobiliaria, cuando apenas tenía 19 años y quería tragarme el mundo. Y después de unos pocos años literalmente me lo tragué: alcancé éxito y reconocimiento con rapidez y también atesoré una pequeña fortuna. Sin embargo, me indigesté. La vida me demostró que no podía ir tan rápido y, sobre todo, que me hacía falta conocimiento.

Cuando creía que había tocado el cielo con las manos (quizás sí lo hice), quebré dos veces, eché a perder un matrimonio y con 30 años quedé enfrentado a la encrucijada más difícil de mi vida. Lo había perdido todo, pero tenía todo para levantarme y reinventarme. No fue fácil, porque la verdad es que pasé momentos muy complicados, pero acá voy en ese proceso lleno de optimismo.

Los jóvenes solemos ser soberbios y muy tercos, en especial cuando la vida nos sonríe pronto. De la mano de mi madre, aprendí todo lo relacionado con el negocio inmobiliario muy pronto y me destaqué sin dificultad. Honestamente, creí que así iba a ser el resto de la vida, que iba a disfrutar de grandes beneficios y que mi paso por este mundo sería una alegría constante. Y me equivoqué.

Llegó el momento en que, después de andar un largo camino, regresé al punto de partida. Y no hubo más remedio que comenzar otra vez, desde cero, como si nada hubiera ocurrido. Algo así como cuando un edificio se derrumba por un temblor, pero el terreno es bueno: hay que limpiar los escombros, rescatar lo poco que quedó bueno y ponerse en la tarea de construir de nuevo.

Hasta ese momento, mi trayectoria se había desarrollado completamente en el mundo offline, porque todavía no se concebían los alcances de la revolución digital en la industria inmobiliaria. Ese recomenzar, sin embargo, se dio en un nuevo escenario: el universo digital. Apalancado en las herramientas y en las estrategias propias de internet, logré construir un nuevo Emil Montás.

Fue un proceso de aprendizaje difícil, pero apasionante. Mucho estudio, participación en eventos presenciales guiados por los más reconocidos expertos del marketing digital y mucho networking. Conocimiento de primera calidad, la guía de personas autorizadas y relaciones: esas fueron las tres claves que me permitieron levantar este nuevo edificio, que todavía no termino de construir.

Una de las personas que tuve la fortuna de conocer en este proceso es mi amigo Juan Carlos Mora, asesor y consultor de marketing digital, una autoridad en el tema de las estrategias triunfadoras en internet. Es mucho lo que he aprendido (y aprendo) de él y también es mucho lo que he podido compartirle acerca de la industria inmobiliaria, que poco a poco se ha convertido en una pasión.

Por eso, me complació tanto verlo en la Convención de Emprendedores Inmobiliarios. Juan Carlos es la demostración de que el mercado laboral actual y los negocios del siglo XXI requieren profesionales integrales. Sí, como él, con mentalidad abierta, con disposición para aprender de áreas de conocimiento distintas a la de su especialidad, con la habilidad de entablar relaciones.

No importa cuán alto escales en la vida, no importa cuánto éxito logres en tu trabajo. En algún momento tendrás dificultades que, como en mi caso, me obligaron a comenzar de cero, a reinventarme. Tuve la fortuna de contar con mentores que me ayudaron a transformarme y, lo mejor, con amigos, colegas y clientes que cada día me enriquecen con su conocimiento y experiencias.

​El Consejo de Emil

“La CDEI es increíble. Realmente fue una combinación de experiencias y conocimientos que uno no alcanza en el día a día. No hay desperdicio, dice Juan Carlos, que también es profesor y speaker de temas relacionados con innovación y marketing digital. Sí él que no se dedica a la venta de propiedades inmobiliarias le sacó tanto provecho al evento, no puedo sentirme más satisfecho.

Cuando enfrenté las mayores dificultades de mi vida y de mi trayectoria profesional, la experiencia de participar en eventos presenciales me transformó. Comencé a ver la vida, mi carrera, el mercado y hasta a mis colegas con otros ojos. Entendí que aquello que la vida me había dado la vida de recibir era para compartirlo con otros, para generar un efecto multiplicador de beneficios.

Eso fue lo que aprendí de mis mentores y eso es lo que me esfuerzo en transmitirles a mis colegas, a mis compañeros de trabajo, a quien me brinde la oportunidad de ofrecerle mi conocimiento. Lo mejor es que, como Juan Carlos, sigo aprendiendo porque la dinámica de la vida es increíble y cada día tenemos la oportunidad de crecer, de enriquecernos intelectualmente, de ayudar a otros.

No solamente se aprende de tus mentores, no solamente se aprende de los ‘coaches’: también tú aprendes de los demás de tu sector que vienen con un ‘knowhow’. A veces tú tienes preguntas o tú tienes interrogantes que ellos te responden”, afirma. Cierto, muy cierto. Cada uno de los 220 participantes era una fuente de conocimiento y experiencia para otros, un intercambio maravilloso.

Cuando alcanzamos el éxito que deseamos, los seres humanos solemos creer que ya lo sabemos todo. Y nos encerramos en nuestro conocimiento y olvidamos que cada día es distinto, que el hoy nunca es igual al ayer. Es algo que entendemos solo después de que la vida nos golpea con dureza y nos demuestra que solo la interacción con los demás nos brinda las satisfacciones que anhelamos.

He tenido la fortuna de guiar a muchos colegas por este difícil camino y no puedo hacer algo distinto a darle gracias a la vida por tal privilegio. Cada consejo que brindo, cada secreto que revelo, vuelve a mí multiplicado en beneficios varios. Como bien dice Juan Carlos, no solo se aprende de tus mentores: el conocimiento es una riqueza que nos pertenece a todos.



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