Tomar una hipoteca o comprar de contado: ¿qué debes saber?

Emil Montás - EmilMontas.com

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El mundo cambia, las costumbres cambian, las personas cambian. Sin embargo, a veces, los sueños no cambian. O, por lo menos, algunos sueños no cambian y las nuevas generaciones acuñan los mismos sueños que sus padres, y que sus abuelos. Por ejemplo, la de tener una casa propia. Ese es uno de esos sueños que no envejece, que se transmite de generación en generación, todavía.

Tener una casa propia no es un sueño más, uno común y corriente como el de adquirir un vehículo de lujo, o pasar unas vacaciones en la playa o estudiar una maestría. Todos son importantes, hay que aclararlo, pero el del techo propio es especial porque además parte de una aspiración inigualable que es la de brindarle bienestar a la familia, a las personas más importantes de tu vida.

Como consultor inmobiliario, he tenido el privilegio de ayudar a muchas familias a cumplir ese sueño. Todas, absolutamente todas, han sido experiencias increíbles, inolvidables, gratificantes. Ver cómo le tiembla la mano a mi cliente cuando va a firmar el documento, observar cómo a su esposa se le escurren las lágrimas cuando reciben las llaves, ver correr a los niños por el jardín…

Son tantas sensaciones, tantas experiencias, y son tan enriquecedoras, que solo puedo darle gracias a la vida por haberme puesto en este camino, por haberme encomendado esta misión. Ayudar a otros a ser felices, por si no lo sabías, es el único camino seguro para que tú también puedas ser feliz: nadie, absolutamente nadie, puede ser feliz si no es a través del compartir.

Por eso, cuando un cliente se acerca a mí y me solicita ayuda, me dice que desea adquirir una casa para su familia, me pongo en modo vamos a conseguirlo juntos. Lo que algunos no entienden es que ese proceso puede tener algunas complicaciones, quizás surjan problemas que no teníamos previstos, pero eso no significa que el sueño tenga que truncarse. Como dije ¡vamos a conseguirlo juntos!

Esta situación se da, por ejemplo, cuando llegamos al punto de decidir qué es más conveniente: ¿comprar a través de una hipoteca o hacerlo de contado? No cabe duda de que la mejor opción es esta última, pero no todos tienen la capacidad para lograrlo. Lo que sucede es que algunas personas se sienten incómodas cuando se enfrentan a la posibilidad de tomar una hipoteca.

¿Por qué? Primero, porque querían comprar de contado, pero el dinero no les alcanzó. Segundo, por el qué dirán, sustentado en la creencia de que hipoteca es sinónimo de dificultad económica o de pobreza, y nada más alejado de la realidad. Es una alternativa que está al alcance de cualquiera y que, valga recalcarlo, les ha permitido a muchas familias cumplir con el sueño de tener casa propia.

Lo que ocurre es que los latinos somos muy fáciles para adquirir compromisos económicos y a veces, muy difíciles para cumplirlos, para honrarlos. Dicho en otras palabras, nos encanta que nos presten dinero, pero no nos gusta que nos lo cobren porque asumimos que no están tratando como si lo fuéramos a robar. Y no es así, por supuesto que no es así.

Tener una casa propia (o una segunda vivienda para el descanso) sigue siendo el ‘sueño dorado’ de muchas familias. Es una decisión que no puede adoptarse a la ligera, sin sopesar las opciones y sin medir las consecuencias. La prioridad es evitar que el sueño se convierta en pesadilla y, por eso, es importante que sigas estos consejos. Recuerda: una decisión sana es tu mejor inversión.

​El Consejo de Emil

Si vas a comprar una propiedad utilizando una hipoteca, necesitas saber que tu firma significa que has adquirido unos compromisos económicos y legales que debes cumplir a cabalidad. Por ejemplo, pagar las cuotas mensuales a tiempo. Además, hay que tener en cuenta que una hipoteca es un compromiso a largo plazo, así que hay que estar preparado para eventualidades.

Mi consejo es que, junto con tu esposa y tu familia, hagas un análisis de las finanzas familiares y seas consciente del compromiso que van a adquirir, de las responsabilidades que asumen, de los sacrificios que seguramente deberán hacer. Tienes que sopesar qué es más importante para el bienestar del núcleo y seguramente tendrás que resignar otras inversiones menos urgentes.

Lo importante es que la obsesión de ser un propietario no te conduzca a una situación comprometedora que te provoque fuertes y prolongados dolores de cabeza. Este es un tema que debes considerar muy seriamente, con cabeza fría, sin apasionamientos. Si tu situación económica no es estable o segura a mediano o largo plazo, quizás adquirir una hipoteca no sea una buena idea.

Es que, amigo mío, hay mucho en juego: no solo puedes perder tu dinero, sino también la propiedad que compraste. Y la tranquilidad de tu familia, la armonía del grupo, y hasta tu salud puede estar en riesgo. Créeme que sé muy bien cuáles son las consecuencias de una mala decisión o de una decisión apresurada. Y mi tarea como consultor es hacer que veas esta realidad.

Si, por el contrario, cuentas con el dinero necesario para adquirir la vivienda que deseas, esa es, sin duda, la mejor alternativa. Porque te conviertes en propietario de inmediato, porque no le debes a nadie, porque ahorras dinero. Sin embargo, esta es otra decisión que no se puede tomar a la ligera, de manera impulsiva, porque como cualquier otra también tiene sus aristas.

En todo caso, la experiencia me ha demostrado que comprar de contado es la mejor opción, porque de ella se desprenden varios beneficios de peso. Por ejemplo, que engrosas el patrimonio familiar, que sustentas el futuro de tu familia o que tiene un bien del que puedes disponer en caso de que el panorama se torne negativo. Y, claro, que eres dueño absoluto de esa propiedad.

Sin embargo, hay una razón por la cual, a pesar de contar con el dinero necesario, quizás este no sea el camino adecuado y debas considerar algunas opciones más. Eso sucede cuando la compra del inmueble agota su flujo de efectivo. En el mundo actual, lo sabemos, lo único seguro es el cambio y, por eso, debemos estar preparados para los vaivenes, para los imprevistos.

Estar cortos de dinero efectivo siempre es una decisión riesgosa, una que es mejor no adoptar. Que el afán de tener una vivienda propia no se transforme en el punto de partida de problemas y dolores de cabeza. Quizás sea mejor adquirir un pequeño préstamo y mantener el flujo de caja en efectivo, de modo que si se presenta algún inconveniente tengas la posibilidad de responder.

No hay normas ideales o libretos perfectos: cada caso es único, es particular. Si eres un asesor inmobiliario, hazle ver a tu cliente los pro y los contra de estas opciones; si eres el cliente, haz que tu asesor te presente la información requerida para que puedas tomar la mejor decisión. Lo que debes priorizar es el bienestar de tu familia, que el sueño dorado no se convierta en pesadilla…


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