Gracias a la vida, por haber disfrutado a Alberto Cortez

Emil Montás - EmilMontas.com

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El 22 de febrero, en el Teatro Nacional de Santo Domingo, Alberto Cortez iba a comenzar una gira por países latinoamericanos para reencontrarse con un público que lo adora. Pocos días antes de la presentación, sin embargo, se canceló el evento. Nos informaron que el cantautor argentino padecía graves problemas de salud. Este 4 de abril, lamentablemente, falleció en Madrid (España).

Si sigues mi actividad en redes sociales, especialmente en Instagram, sabrás que por estos días estoy en un paradisíaco escenario en Samaná. Estoy concentrado en el Bootcamp del Mastermind ‘Vender Casas Desde Casa’, una experiencia de aprendizaje increíblemente enriquecedora. Y tengo que reconocer que conocer la noticia de la muerte de Alberto Cortez me impactó.

En aquel momento en que se canceló la presentación en febrero sufrí una decepción: nunca lo había visto en el escenario y, además de que era aficionado a su música, sabía por conocidos que sus recitales eran una experiencia singular. Tenía boletas para ir al teatro con mi esposa Gaudis y nos quedamos con las ganas. Ahora nos quedan sus recuerdos, sus canciones, sus discos.

Desde que era un niño, en casa de mis padres, escuchaba los temas de Cortez. Quizás no sea el tipo de música que a un niño le pueda gustar, pero a mí había dos características que me atrapaban: la letra y la temática de sus canciones y la variedad musical. No eran composiciones comunes y corrientes, sino que estaban llenas de mensajes profundos e inspiradores.

Además, cada tema es distinto. No sé si a ti te pasa lo mismo, pero a veces me gusta una canción de un artista y después de un tiempo me canso, porque todos sus temas son un poco más de lo mismo. Alberto Cortez, en cambio, era distinto. Cuando crecí y era adolescente entendí que la magia de sus composiciones estaba en que le cantaba a lo simple y a lo cotidiano.

De hecho, La canción de las pequeñas cosas es uno de los temas más populares de su repertorio, igual que Callejero, inspirado en los canes que deambulan abandonados por las calles de nuestros países, sin que nadie los socorra. A mí, las canciones de Alberto Cortez que más me gustan son Cuando un amigo se va, Mi árbol y yo y su versión de Gracias a la vida, original de Mercedes Sosa.

Nació en Rancul, en La Pampa argentina, el 11 de marzo de 1940, bautizado como José Alberto García Gallo. Aprendió a tocar la guitarra a los 6 años y a los 12 ya compuso su primer tema: Un cigarillo, la lluvia y tú. Ya de adolescente, con el sobrenombre de Chiquito García, se presentó en Mendoza y poco después llegó a Buenos Aires, donde pudo darle vuelo a su sueño como intérprete.

Hizo parte de las orquestas de la Confitería Richmond y del Cabaret Casanovas y, como vocalista de la Jazz San Francisco alternó en la orquesta de Armando Pontier, en la que la voz principal era la de Julio Sosa, una leyenda del tango. Luego, en 1960, cruzó el Atlántico como integrante del Argentine International Ballet and Show, una gira que fue un fracaso para todos, menos para él.

Se instaló en Madrid, contrajo matrimonio con la ciudadana belga Renée Govaert, a la que llamó “la musa de todas mis canciones”. Su primer gran recital fue en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, en 1967: interpretó canciones de Atahualpa Yupanqui y musicalizó poemas de Pablo Neruda, un estilo que lo inmortalizó. Después lo replicó con Lope de Vega, Luis de Góngora y Quevedo y Antonio Machado.

Murió Alberto Cortez, el cantautor argentino que aprendí a apreciar y disfrutar cuando era niño. Tenía programados dos recitales en Santo Domingo el pasado mes de febrero, pero fueron cancelados por su estado de salud. Me quedé con las boletas compradas y, sobre todo, con las ganas de verlo en vivo y en directo. Falleció este 4 de abril, en Madrid. Paz en su tumba.

​El Consejo de Emil

Poco a poco, éxitos como En un rincón del alma, Mariana, Como el primer día y A partir de mañana cruzaron el Atlántico hasta Latinoamérica y se hicieron muy populares. A pesar de la distancia, Cortez logró establecer un estrecho vínculo con una numerosa audiencia que lo disfrutó en emotivos y recordados recitales a lo largo y ancho de la geografía del continente.

También se juntó con otros cantores latinoamericanos de renombre con los que protagonizó dúos inolvidables. El más celebrado de todos, con su también fallecido compatriota Facundo Cabral, con el que grabó dos versiones de Lo Cortez no quita lo Cabral y otras dos de Cortezías y Cabralidades, geniales recitales llenos de humor, ironía, crítica política y, por supuesto, música, buena música.

La gran Mercedes Sosa, Piero (para quien compuso el inmortal tema Los Americanos), María Dolores Pradera y Pablo Milanés, entre otros, lo acompañaron en diversas ocasiones y fueron testigos de su excepcional talento. En 1996 sufrió la parálisis de un lado de su cuerpo y fue sometido también a una operación cardiaca. Y en 2008 fue intervenido en la columna vertebral.

A pesar de que la salud lo maltraía, se mantuvo en los escenarios y, también, en los estudios de grabación. Sin embargo, tuvo que tomar un receso, por recomendación médica, antes de retornar a los recitales, en los que era aclamado por el público. Hasta que hace unas semanas fue recluido en el Hospital Universitario de Mósteles, donde falleció por una hemorragia gástrica.

Se fue Alberto Cortez y me quedé con las ganas de verlo en vivo y en directo. Me quedan sus canciones, las reflexiones que se desprenden de las letras de sus composiciones y el aprendizaje de cómo es posible dejar huella cuando persigues tus sueños, cuando luchas por ellos y, en especial, cuando haces lo que te apasiona y amas lo que haces. Y él, sin duda, amaba cantar.

Tras conocer esta noticia, que entristeció mi corazón, no pude dejar de pensar en la importancia de disfrutar el momento, el presente, en la necesidad de aprovechar las oportunidades y de valorar lo que tenemos, porque no sabemos qué va a ocurrir. Tenía los boletos para disfrutar a Alberto Cortez y nunca lo pude ver: la vida es impredecible y nos cambia los planes a su capricho.

Me hizo pensar, así mismo, en que debemos aprender a apreciar aquello que la vida nos brinda. A veces no es justamente lo que deseamos, a veces creemos que merecemos más, y nos frustramos. Luego nos damos cuenta de que hemos obtenido más de lo que esperábamos o intentamos recuperar eso que despreciamos, y ya no se puede. Por eso, trato de vivir y disfrutar el hoy, el presente.


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