‘Cohousing’: envejecer en paz y rodeado de los amigos

Emil Montás - EmilMontas.com

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Los amigos son para toda la vida, ¿cierto? En cualquier edad, la familia y los amigos son un soporte importante, pero su presencia, su apoyo y su compañía cobran relevancia en la edad madura. En especial, en nuestros países latinoamericanos en donde solemos ver al adulto mayor como un estorbo, como una molestia y se lo aísla, se lo confina en un hogar geriátrico o se lo abandona.

Es una realidad triste, dramática y hasta vergonzosa. A esos seres que dedicaron su vida a cuidar de otros, a educarlos, a guiarlos, a acompañarlos, se los deja a su suerte, como si fueran un mueble viejo e inservible. Lo más grave es que muchos de ellos, la mayoría, no solo carece del sustento económico básico, sino que además están enfermos y no pueden valerse por sí mismos.

Es un problema de vieja data y, sin embargo, la sociedad no ha implementado las medidas necesarias para darle una solución definitiva. Así, entonces, la vida de estas personas se va apagando poco a poco hasta que se extingue por completo, en medio de la soledad, del abandono, del desprecio de la sociedad y, lo más doloroso, del olvido de sus familiares y seres queridos.

Desde los años 60, es decir, hace más de medio siglo, cuando cientos de adultos mayores se quedaron solos porque sus hijos fueron víctimas de la Segunda Guerra Mundial, este problema quedó al descubierto. En países como Dinamarca, Alemania, Suiza, Países Bajos y Reino Unido, principalmente, se gestó una alternativa que les permitía vivir esa etapa de la vida con dignidad.

Se trata del cohousing. ¿Sabes de qué se trata? Así se denominan las experiencias de vida compartida o comunidades autogestionadas de vecinos. En otras palabras, son barrios que fueron construidos específicamente para albergar a esta población con el fin de brindarles un ambiente acorde con sus necesidades e intereses. Allí se hace hincapié en la colaboración y la convivencia.

Son proyectos habitacionales que, si bien fueron diseñados originalmente para los adultos mayores, en especial para aquellos que estaban solitarios, también aplican para personas con alguna dependencia, familias con menores, comunidades de profesionales o más grupos son clara afinidades. La ventaja es que el entorno está orientado a garantizar el desarrollo vital, cultural y social.

¿Eso qué quiere decir? Que estos lugares cuentan no solo con todas las comodidades requeridas, sino también con las amenidades, espacios destinados a compartir con otros, a practicar deporte, a actividades como lectura, cine o pintura. Pero, también otros como servicios comunes: huerta, gimnasio, lavandería o, iglesia. La idea es reducir costos y motivar el intercambio entre los vecinos.

Originalmente, estos lugares fueron concebidos para los adultos solitarios, o en pareja, que no tenían dónde pasar sus últimos años o que, además, requerían cuidados especiales. Sin embargo, hoy se han convertido en comunidades especializadas, algo así como un oasis en medio del desierto, donde reinan el mundanal ruido, el desorden, la inseguridad y la individualidad.

El cohousing, en esencia, consiste en una urbanización o en una comunidad conformada por viviendas independientes, construidas bajo los parámetros de las necesidades de sus habitantes, y que se combinan con zonas comunes. Una de las características más interesantes de este modelo es que los servicios son autogestionados por los propios residentes en sana convivencia.

La sociedad actual, especialmente en países como los latinoamericanos, tiene una gran deuda social con los adultos mayores, a los que se los abandona como si fueran un estorbo o algo inservible. Por fortuna, se implementó el ‘cohousing’ para brindarles el escenario y el ambiente ideales para disfrutar de esta etapa de la vida y, además, sentirse útiles y valorados.

El Consejo de Emil

Unas de las realidades más apremiantes del mundo moderno son el individualismo, que se manifiesta en diversas formas de egoísmo, y la soledad. Gracias a sus características, el cohousing es el antídoto perfecto para estos males. Dado que se trata de comunidades pequeñas, en la mayoría de los casos conformada por conocidos o afines, el acompañamiento está garantizado.

La convivencia pacífica y amistosa es otro de los beneficios del cohousing. Allí no hay jerarquías (que suelen ser odiosas) y las tareas, además de compartidas, se distribuyen de acuerdo con los intereses y las habilidades de cada uno. Las viviendas cuentan con lo básico, pero la verdad es que no necesitan más: lo demás se ofrece en las zonas comunes, en las que todos participan.

Lo que a mí más me llama la atención de este modelo de convivencia, lo que más me agrada, es que el cohousing fomenta la colaboración, la participación y el liderazgo. Además, incentiva la creatividad, el aprovechamiento del tiempo libre, la interacción y la integración. Y, algo que es muy importante: les hace sentir a los adultos mayores que todavía tienen una vida útil.

Cuando a estas personas las envía a un hogar geriátrico o a un asilo de ancianos, lo normal es que se depriman, se vuelvan retraídos y malhumorados, incluso, agresivos. En un ambiente como el del cohousing, en cambio, compartir su tiempo, su conocimiento, su experiencia y sus vivencias con otros similares les envía el mensaje de que aún es mucho lo que pueden aportar. ¡Rejuvenecen!

Otro aspecto muy interesante es que, si bien este modelo no es estrictamente popular, sí ha evolucionado con el tiempo. ¿Cómo? Cualquier grupo humano puede construir su propio barrio, su comunidad, a la medida. Ya no solo para combatir el aislamiento, para hacerle el quite a la soledad, sino para compartir con otros bajo la premisa de “todos para uno y uno para todos”.

Estos son los principales beneficios del cohousing:

1.- Seguridad: es uno de los mayores dolores de cabeza en la sociedad moderna y una necesidad apremiante para los adultos mayores. El cohousing se las garantiza sin aislarlos o limitarlos

2.- Accesibilidad: dado que las casas son pequeñas y que se comparten las amenidades, no hay que disponer de grandes recursos económicos para ser parte de un proyecto como este

3.- Economía: al compartir los servicios prioritarios, además de herramientas y recursos básicos como electrodomésticos, la comunidad se beneficia y el bolsillo de los residentes descansa

4.- Familiaridad: no es una obligación, pero la mayoría de los proyectos de cohousing están conformados por grupos de amigos y conocidos, lo que genera un ambiente cordial

5.- Comunidad: además de eludir la soledad, el cohousing les brinda a estas personas el beneficio de sentirse útiles y el sentido de pertenencia a una comunidad en la que son importantes

Aunque acabo de pasar la barrera de los 40 años y veo lejos la hora de mi retiro (entre otras razones porque disfruto mucho lo que hago), te confieso que esta alternativa del cohousing me parece bastante interesante. Lo que sí percibo claramente es que este modelo es un mercado muy atractivo para la industria inmobiliaria, en especial para los promotores y constructores.


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