Buscar una nueva vivienda es un trabajo de ¡equipo familiar!

Emil Montás - EmilMontas.com

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“¡Sorpresa!”. Abres la puerta con toda la ilusión del mundo, con el mayor entusiasmo, con una gran dosis de energía positiva. Esperas escuchar un estallido de alegría y que te abracen para manifestar su agradecimiento. Sin embargo, nada de eso ocurre. Por el contrario, solo ves muecas de inconformidad, escuchas algunos comentarios en voz baja y uno que otro reproche.

Esperabas magia, pero no hubo tal. Querías proporcionales a tus seres queridos una alegría, pero no hubo tal. Deseabas vivir uno de esos momentos que te impactan y quedan grabados en tu mente, pero no hubo tal. Querías dar una sorpresa y, al final, el único sorprendido fuiste tú, porque a tu familia no le gustó ese inmueble que con tanta ilusión adquiriste para todos.

Esta es una situación que se presenta más veces de las que tu crees. La he visto muchas veces y cada una es más dolorosa que la anterior. Después de dedicar un tiempo a buscar la vivienda ideal, de llevar a cabo la negociación, de adelantar los trámites (que siempre son engorrosos) y de preparar el escenario para ofrecerle a tu familia un momento inolvidable, te llevas una bofetada.

“Papi, esa habitación está muy pequeña para mí”, “Ay, en esa cocina es imposible cocinar, no ya espacio”, “La zona social es tan chica, que no puedo invitar a mis amigos” y otras frases por el estilo que retumban en tu cabeza, que duelen con alfileres enterrados en la piel. El problema es que ya no hay marcha atrás y, entonces, no tienes más remedio que lidiar con las quejas.

Uno de los interrogantes más importantes que debe formular un consultor inmobiliario a su cliente es qué opina su familia. ¿Está de acuerdo con la mudanza? ¿El sector donde está la propiedad le resulta agradable? ¿La decisión de adquirir esta propiedad es exclusivamente tuya o fue adoptada de común acuerdo? La respuesta determina para quién es la “¡Sorpresa!”.

La mayoría de las veces, solo una de las cabezas de familia, el padre o la madre, asume la responsabilidad de conseguir la nueva casa. Claro, después de cada gestión comporte sus impresiones y resultados con su pareja, pero eso no es suficiente. No es lo mismo visitar la propiedad, recorrerla y formarte una idea propia, que quedarte nada con lo que te cuentan.

Se trata de un principio básico: todos somos distintos. Cada uno ve lo que quiere, lo que le interesa, y lo ve de acuerdo con sus expectativas, con sus creencias. Los hombres nos fijamos en algunos detalles (el área social, el estudio, la habitación principal) y las mujeres, en otros (la cocina, los baños, el jardín). Lo mejor es que no son visiones excluyentes, sino complementarias.

Ese es un detalle que muchas familias pasan por alto. Y no debería ser así. De hecho, he tenido clientes para los que la búsqueda de un nuevo hogar se convirtió en una increíble experiencia familiar en la que todos estuvieron involucrados: los adultos, los menores y hasta las mascotas. Se lo gozaron y cuando estuvieron de acuerdo en que habían encontrado la ideal, lo celebraron.

Adquirir o alquilar una vivienda es una de las decisiones más importante de la vida de una persona, de una familia. Por eso, lo más conveniente es que todos los miembros del grupo, incluidos los hijos que ya tengan uso de razón y puedan opinar, se involucren en el proceso de búsqueda y, especialmente, en la decisión. Evitas problemas y vives una experiencia inolvidable.

El Consejo de Emil

Esta son algunas de las razones por las cuales la labor de conseguir una vivienda debe ser un trabajo de equipo en familia:

1.- La inclusión. Una de las razones por las cuales algún miembro del grupo, en especial los niños, se convierten en un problema es porque se sienten excluidos. Sí, nadie los toma en cuenta, nadie les pregunta qué opinan, nadie les consulta si están de acuerdo. Recuerda que todos van a vivir en el mismo lugar y, entonces, debes garantizar que la convivencia no se resquebraje por esta situación.

2.- La unión hace la fuerza. Aunque no lo creas, los niños que ya tienen uso de razón y que son motivados a expresar su opinión, son un excelente termómetro. Los adultos nos acomodamos con mayor facilidad, somos más adaptables, pero los niños son quisquillosos con algunos temas. Si los tienes en cuenta, verás cómo te ayudarán de muchas formas a tomar la decisión más conveniente.

3.- Un nuevo comienzo. Aunque tú seas la cabeza de la familia, el que aporte los recursos para la compra del inmueble, recuerda que no eres toda la familia. Llegar a un nuevo lugar, donde quizás no conoces a nadie, es una experiencia nueva para todos, un comienzo para todos. Por eso, es importante escuchar las opiniones de cada miembro del grupo. Así te evitarás dolores de cabeza.

4.- Todos aportan. Una de las razones por las que para muchas familias es imposible cumplir el sueño de tener una casa propia es porque solo uno de los miembros aporta económicamente. Si en tu familia hay otras personas laboralmente activas, involúcralas en el proyecto y hazles notar la importancia de su aporte. La premisa es sencilla: todos para uno y uno para todos.

5.- Todos ganan. Cuando cada uno de los integrantes del grupo familia ha tenido la oportunidad de ser escuchado, de expresar sus opiniones, se limita la posibilidad de una inconformidad. Por el contrario, se esperará con ansiedad el día de la mudanza y la organización de su nuevo espacio se asumirá con ilusión, con alegría. Si todos están conformes, la convivencia es más sana. Todos ganan.

Cuando tienes una mascota, que por lo general es parte importante de la vida de tus hijos, debes tenerla en cuenta. No por lo que te pueda decir, sino porque su bienestar también es un factor que afecta la convivencia, para bien o para mal. Si es una casa, ojalá tenga jardín y espacios en los que pueda correr y jugar; si es apartamento, que haya zonas aledañas donde la puedas pasear.

¿Ahora entiendes por qué digo con frecuencia que adquirir una vivienda es una de las decisiones más importantes de la vida de una persona o de una familia? No es algo que te puedas tomar a la ligera y sí es una gran responsabilidad que no debes asumir en solitario. Si allí vas a convivir con otras personas, todos deben estar involucrados en el proceso de búsqueda y en la decisión.


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