Boyta tiene un techo digno y propio: ¡misión cumplida!

Emil Montás - EmilMontas.com

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Este que pasó fue uno de los fines de semana más felices de mi vida. Te lo digo con toda la honestidad, con la mano en el corazón, con toda la humildad que puedo ofrecer. Viví una experiencia que me marcó, que me llenó de dicha el corazón y que, lo mejor, nos dio la posibilidad de dibujar una sonrisa en el rostro de quienes han tenido que enfrentar una vida de limitaciones.

Hace menos de un mes, durante la segunda Convención de Emprendedores Inmobiliarios, en Punta Cana, el Club de Emprendedores Inmobiliarios promovió una colecta destinada a dotar de una vivienda digna a una familia de bajos recursos, una iniciativa respaldada por la organización internacional TECHO. Gracias a la generosidad de los participantes, superamos la meta prevista.

Con más de 10 entusiastas voluntarios, nos desplazamos hasta la comunidad La Carreta, en San Pedro de Macorís, para hacer realidad el sueño de María Sabina, más conocida como Boyta. Ella vive allí hace 59 años, junto con su hijo Ulili y su nuera Marielis. El lugar donde vivía literalmente se caía a pedazos, pero no tenían de los recursos necesarios para repararla o construir otro.

No tengo palabras para describirte la felicidad de estas personas cuando nos vieron llegar, el sábado en la mañana, todos con camisetas de TECHO y dispuestos a ayudarlos. Es realmente conmovedor cómo una iniciativa como esta puede transformar la vida de otras personas, y le agradezco a Dios y a la vida que me hayan dado la oportunidad de ser parte de esto.

Fue una gran lección, especialmente por el contacto cercano con esas personas de la comunidad dominicana con las que no estamos acostumbrados a tratar. Esta familia, como tras otras, está conformada por campesinos que llegaron a la ciudad persiguiendo los sueños de bienestar y un futuro mejor, pero la vida no les brindó oportunidades y quedaron condenados a su suerte.

Tengo que confesarte que me impactó lo que vi cuando llegamos a este humilde lugar. Familias sin empleo, sin educación, con grandes limitaciones, pero con los sueños intactos y una felicidad que no disfrutan otras personas que tienen más bienes materiales. De inmediato, me di cuenta de cuán desagradecidos somos con la vida nosotros que lo tenemos todo, pero igual nos quejamos.

Entendí que a algunos Dios nos dio la posibilidad de tener más, pero no para acumularlo, no para hacer ostentación de ello, sino para compartir más. Me sorprendió ver cómo la felicidad de estas humildes personas está más allá de los bienes materiales y me doy cuenta de que es mucho lo que podemos hacer por otros, de que tenemos una gran responsabilidad con ellos y con la sociedad.

Los consultores inmobiliarios nos sentimos felices porque les vendemos a muchas personas, porque les ayudamos a cumplir el sueño de tener una casa. Sin embargo, a muchos otros no les vendemos porque no poseen los recursos. Lo que viví este fin de semana me enseñó que también tenemos el privilegio de transformar las vidas de quienes no pueden ser nuestros clientes.


Emil Montás - EmilMontas.com

Algunos hemos sido bendecidos con bienestar, comodidades y privilegios, y la única misión que nos corresponde en esta vida es compartirlos, dar algo de nosotros para brindarles una alegría, para arrancarles una sonrisa a quienes han tenido menos suerte. Boyta tiene su casa nueva y no hay mayor felicidad que saber que fuimos parte de este sueño hecho realidad.

​El Consejo de Emil

Darle casa y techo a una familia que queriéndola y necesitándola no puede adquirirla es una misión de responsabilidad social que estoy feliz de cumplir a través de mi empresa. De lo que a veces no nos damos cuenta es de que con muy poco, apenas con buena disposición, voluntad y algo de nuestro tiempo, es mucho, muchísimo, lo que podemos hacer por otras personas.

La construcción de esta casa es algo que no olvidaré. ¿Sabes qué fue lo que más me alegró? Los voluntarios pertenecemos a empresas que podríamos considerarnos competencia, porque estamos en la misma industria en busca de clientes. Sin embargo, trabajamos codo a codo, mano a mano por el mismo sueño. Nos quitamos el uniforme de nuestras empresas y nos pusimos el de TECHO.

Eso lo que nos enseña es que las barreras y los obstáculos son una excusa, un invento nuestro. Comprobé una vez más que esas personas que trabajan para otras empresas no son competencia, sino colegas, agentes inmobiliarios que, como yo, luchan por ayudar a otros y brindarle bienestar a su familia. Y fue como una familia, precisamente, que disfrutamos esta maravillosa experiencia.

El último día de la Convención de Emprendedores Inmobiliarios, cuando superamos la meta prevista en la recolecta, me sentí feliz, muy muy feliz. Pero, nada se compara con lo que vivimos este fin de semana en esta humilde comunidad La Carreta. La sonrisa de estas personas, el brillo de sus ojos al ver cómo la casa de sus sueños cobraba vida, quedaron tatuados en mi memoria.

Solo puedo agradeces a todos y cada uno de los que hicieron parte de esta enriquecedora experiencia, a los que hicieron sus aportes durante la CDEI, a quienes deseaban estar aquí y no pudieron, pero nos acompañaron de corazón este fin de semana desde sus casas, desde sus países. Como lo dije durante la Convención, unidos somos un equipo invencible que todo lo puede.

Logramos que Boyta tuviera esa casa propia que tanto había soñado y que ahora pueda compartir un hogar digno con su familia. Sin embargo, vamos por más: está pendiente la construcción de otras dos casas y solo esperamos que la organización TECHO nos diga cuándo y dónde la vida nos va a brindar el privilegio de transformar las vidas de otras familias dominicanas de bajos recursos.


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